Nos estamos idiotizando…¿Será por la alimentación?

Ya hace tiempo que estudios americanos, y ahora un estudio noruego razonablemente fiable, indican que el CI (Coeficiente de Inteligencia) se está reduciendo a un ritmo de 7 puntos por década desde hace casi tres décadas.

Para situarnos, resulta que el 68% de la población occidental tiene entre 85 y 115 puntos de CI, extremos dentro de los que se ubica la normalidad cognitiva e intelectual. Entre 116 y 139 puntos se considera la persona muy inteligente; más de 140 puntos, superdotada. Einstein puntuaba 160 de CI.
Si cada década se está reduciendo en 7 puntos desde hace tres, resulta que, en términos generales la inteligencia ha mermado 21 puntos desde el 1990.

De acuerdo a esta escala estandarizada en base a tests de inteligencia, desde inicios del siglo XX se había venido observando un incremento de 3 puntos por década. Es lo que se conoce como el “efecto Flynn” (por el psicólogo neozelandés James Flynn que fue el primero en observar y estudiar este incremento paulatino de la inteligencia).
En principio, el efecto Flynn de incremento de la inteligencia en la población occidental, puede ser debido a dos factores:

  1. a) el cambio de la composición genética de la sociedad,
  2. b) cambios ambientales.

Se sabe tal y como explica el Dr. J.Mª Fericgla, que el contenido genético varía muy lentamente y diversos estudios sobre familias y su carga genética han mostrado que el efecto Flynn no puede deberse a esta causa. Así pues, el incremento de la inteligencia de 3 puntos por década desde inicios del siglo XX tiene que deberse a la mejora en la alimentación, en los sistemas educativos y a otros factores ambientales.

Según los autores de la investigación, esta caída del CI puede ser debida al empeoramiento generalizado de la alimentación que, en las últimas décadas, ha introducido productos que dificultan y hasta empobrecen la variedad alimentaria y el equilibrio nutricional.

Es evidente que la industria alimentaria está ganando la batalla, introduciendo falsos alimentos o alimentos procesados llenos de carbohidratos o azúcares altamente negativos para la salud mental, no solo potenciando enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson, también haciéndonos menos resolutivos intelectualmente. Si además sumamos el déficit de grasa omega 3 de la dieta, la idiotez está asegurada por generaciones.

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